Diferencias generacionales en la diversidad cultural


Si bien la diversidad cultural suele comparar distintas etnias, costumbres, géneros, orientaciones sexuales y religiones, no suele tomarse en cuenta la diferencia intergeneracional de quienes comparten una misma cultura.

En el texto Diversidad Cultural. Materiales para la formación docente y trabajo en el aula (Unesco, 2005) se señala que existen dos maneras de enfrentar la diversidad cultural. En la primera de ellas podemos encontrar fácilmente una definición de cómo se ha tratado siempre a la población más juvenil de nuestro país:

“Por un lado, se puede establecer una jerarquía de las diferencias que implica, en muchos casos, discriminación y dominación. Las jerarquías conducen a prácticas discriminatorias que se justifican por la ideología. Así se argumenta que una religión o una clase social o una etnia, es superior a otra. En esta situación, las relaciones entre culturas se vuelven hostiles y destructivas, y se puede llegar a un “fundamentalismo cultural” que no le reconoce legitimidad a las otras culturas. Esto ocurre cuando se niega a ciertas personas las oportunidades de acceso a los recursos básicos basándose en sus características culturales; cuando se les discrimina por su origen étnico, o por su lengua, o por otros aspectos de su cultura que lo hacen diferente".

En este caso la jerarquización se realiza desde las personas mayores sobre la juventud y más específicamente, sobre la generación millennial. La discriminación se hace por edad y es un patrón que se repite generación tras generación. Suele invalidarse la opinión de las generaciones más jóvenes por creer que son carentes de experiencia y con puntos de vista inmaduros. Esta visión se ve reforzada en una población tan envejecida como la uruguaya.

Con la vorágine causada por internet y las redes sociales, y el hecho de que la generación millenial haya crecido en medio de esos cambios frenéticos, hace posible que la diferencia entre lo real y lo virtual se difumine en la vida cotidiana. De hecho, como se menciona en el texto Redes sociales y «fenómeno influencer». Reflexiones desde una perspectiva psicológica de Santamaría de la Piedra y Meana (2016), esto es cierto incluso para las relaciones humanas:

“Los vínculos que se establecen online son más débiles que los que se pueden establecer con el contacto directo, muchas amistades les lleva a creer de manera progresiva que éstas tienen cierto grado de realidad. Cabe preguntarse dónde quedan dimensiones tan importantes como el sentimiento de pertenencia que se desarrolla con el contacto directo, la intimidad compartida y el cariño que hace la relación personal”.

Desde la Intendencia de Montevideo necesitamos que los y las jóvenes se comprometan con nuestra ciudad, aportando nuevas ideas, opinando y debatiendo. Creemos útil la explotación de las redes sociales y plataformas interactivas para poder escuchar todas las voces de quienes viven en la ciudad, y no solamente la de quienes van a votar a los presupuestos participativos o concejos vecinales. Las redes sociales nos aportan desde su factor de “minimización del status de autoridad” (Santamaría de la Piedra y Meana, 2016) la posibilidad de ampliar la diversidad cultural y que todas las voces sean oídas por igual, dada la igualdad de condiciones en la que se encuentran los y las usuarias de dichas plataformas. A través de la digitalización de los trámites, la información y la participación digital intentamos combinar el mundo real con el virtual ampliando el abanico de puntos de vista de todas las personas que residen en esta ciudad.




En los últimos años, con la explosión de las redes sociales, surgió una nueva figura en las estrategias de marketing digital. Influencer es una persona con cierta credibilidad sobre un tema específico que busca potenciar el alcance de los contenidos y conseguir reacciones en otros usuarios. El o la influencer aporta autoridad y confianza a nuestros mensajes y se identifica con nuestra comunidad en sus ideas y valores. Como señala Cestau (2018):

“Si entendemos que la utilización de las/los influencers como dotadores de su credibilidad y visibilidad a nuestro tema relacionado con nuestra institución gubernamental (...) y le atribuirnos sus características, ganaremos confianza en sus seguidores resultando una excelente estrategia a sumar junto con otras dentro de la comunicación”.

En este sentido creemos que es importante sumar esta figura a nuestra estrategia digital para lograr mayor visibilidad de nuestras políticas públicas en la población juvenil. En este objetivo debemos tener en cuenta la importancia de incluir suficientes influencers que abarquen la diversidad cultural de la mayor cantidad posible de jóvenes. No podemos limitarnos a un o una sola referente de un área de interés específica, sino a múltiples influencers de nicho e inspiradores (Santamaría de la Piedra y Meana, 2016) que representen una gran diversidad de expresiones.

Las plataformas sociales se convirtieron en agentes socializadores, pero conllevan el riesgo también de reforzar las identidades fragmentadas (Cestau, 2018). Por este motivo, creemos que es importante estimular la participación de nuestra comunidad digital, a través de las herramientas online institucionales, y promover la interacción a través de la figura del influencer.


Lucía Castillos

Martín Rosas


Referencias

Unesco, 2005. Diversidad Cultural. Materiales para la formación docente y trabajo en el aula. Santiago. Ed. AMF Imprenta.

Santamaría de la Piedra y Meana, 2016.  "Redes sociales y «fenómeno influencer». Reflexiones desde una perspectiva psicológica”. revista Misceláneas Comillas.

Cestau, Ivanna. 2018. Comunicación para la inclusión y la diversidad. Gestión de la Comunicación Digital con énfasis en bien público. Flacso.

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