En las siguientes dos entradas responderemos a la pregunta: ¿En qué sentido las nuevas tecnologías han acentuado los principales rasgos de la cultura posmoderna?
La
posmodernidad se nos presenta como la ruptura con la cultura moderna.
El término es utilizado por primera vez en América Latina para
referirse a un tipo de poesía menos riesgosa que la que se producía
en la época moderna y surge así con una carga de menosprecio ya que
la poesía posmoderna es considerada “menos que” la moderna.
Sin
embargo, la posmodernidad no refiere únicamente a un movimiento
literario sino que abarca todas las esferas de la sociedad.
La
posmodernidad rompe con la configuración moderna de las sociedades.
El orden moderno, caracterizado por las dualidades, las ideologías,
el arraigo de las naciones, la industrialización -tanto económica
como cultural-, la búsqueda de la ciencia como respuesta a las
interrogantes universales, se desarma en el individualismo exacerbado
de la posmodernidad. La sociedad ya no tiene un pasado fuerte que lo
interpela sino que se conforma con una nostalgia superficial que oye
la historia como un murmullo lejano que no le habla directamente.
Si hablamos del ser posmoderno, podemos hallar en Lipovetsky una definición de ser humano narcisista que se ajusta perfectamente. Utilizaremos esta definición aunque el autor se encuentre entre los que consideran la
posmodernidad como una mera aceleración de la modernidad y no como
una ruptura:
“Cool en sus maneras de hacer y ser, liberado de la culpabilidad
moral, el individuo narcisista es, no obstante, propenso a la
angustia y la ansiedad: gesto permanentemente cuidadoso de su salud
pero arriesgando su vida en las autopistas o en la montaña; formado
e informado en un universo científico y sin embargo permeable,
aunque sólo sea epidérmicamente, a todos los gadgets del sentido,
al esoterismo, a la parapsicología, a los médiums y a los gurus;
relajado respecto del saber y las ideologías” (Lipovetsky, 1986,
p. 111).
Este
ser posmoderno vive en un presente eterno con la nostalgia
superficial como pasado y el vacío como futuro. Ya no persigue lo
que considera el bien común detrás de una ideología sino que se
centra en el individualismo. Ya no cree en una religión que tenga
todas las respuestas sino que arma su propia religión a partir del
mosaico de conceptos con el que se siente mejor respresentado. Ya no
cree que la ciencia pueda develar los misterios del universo sino que
se conforma con vivir su vida sin demasiados cuestionamientos.
En su texto La era del vacío, Lipovetsky (1986) afirma que:
“En el curso de los años sesenta el posmodernismo revela sus
características más importantes con su radicalismo cultural y
político, su hedonismo exacerbado; revuelta estudiantil,
contracultura, moda de la marihuana y del L. S. D., liberación
sexual, pero también películas y publicaciones pornoPop, aumento de
violencia y de crueldad en los espectáculos, la cultura cotidiana
incorpora la liberación, el placer y el sexo.” (p. 105).
Sesenta años
después vemos todas estas características acentuadas y
multiplicadas en el mundo de internet, especialmente el aumento de la
violencia y la sexualidad en los espectáculos.
La
cultura posmoderna se nutre de las nuevas tecnologías para vivir en
una constante actualización que no permite a las personas
concentrarse ni profundizar demasiado en ninguna cuestión. Esto
sucede incluso con las nuevas estrellas. Vemos a los nuevos ídolos
efímeros -construidos a partir de su popularidad en las redes
sociales- diluirse constantemente en la fama del siguiente.
El
individualismo característico de la posmodernidad se refuerza con
las redes sociales al presentar a los individuos una realidad
personalizada que no contradice su pensamiento, que no lo interpela,
que no lo cuestiona, solamente reafirma su lugar en el mundo y su
postura sobre las cuestiones superficiales de las que decide
rodearse, sin pensar en el futuro o en el origen de dichas
cuestiones.
Lucía Castillos
Fuentes:
- Jameson, F. (1991) Ensayos sobre el posmodernismo. Buenos Aires: Imago Mundi
- Lipovetsky, G. (1986) La era del vacío. Barcelona: Anagrama
- Lyotard, J.-F. (1987) La condición posmoderna. Informe sobre el saber. Madrid: Cátedra
Comentarios
Publicar un comentario