El desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación ha acentuado algunos rasgos fundamentales de la posmodernidad. La espontaneidad y el hedonismo, “principios axiales” (Lipovetsky, 1986, p. 84) de esta cultura, se cristalizaron con las plataformas sociales, donde los usuarios los exponen a diario en una virtualidad de inmediatez e individualismo. El hedonismo, que antes era patrimonio de una élite reducida, ahora es el valor central de la cultura posmoderna, gracias a la cultura de masas. La exposición personal constante y el límite cada vez más difuso entre lo público y lo privado, produjo un “género narcisista” (Lipovetsky, 1986, p. 111), que se amplificó con las nuevas tecnologías.
Este paradigma reforzó también otra de las características de la cultura posmoderna: el consumismo. El enfoque de la inmediatez y la exposición hedonista, generó una fascinación por el consumo, que pasó a ser un fin en sí mismo. “El consumo es un proceso que funciona por la seducción, los individuos adoptan sin dudarlo los objetos, las modas, las fórmulas de ocio elaboradas por las organizaciones especializadas” (Lipovetsky, 1986, p. 107). De esta forma, la lógica de la cultura posmoderna se sustenta en la satisfacción materialista del aquí y ahora, que se refuerza con la expansión de las nuevas tecnologías y la exposición constante a productos y formas de vida comercializadas en múltiples pantallas.
Un tercer elemento que se acentuó con las nuevas tecnologías es el concepto de verdad. Los nuevos medios sociales generaron un flujo constante de información, que se retroalimenta con los contenidos producidos por los propios usuarios. Este contexto generó una explosión de noticias falsas y “verdades a medias”, que se sustentan en la lógica cultural posmoderna, donde se relativiza la verdad según la coyuntura o el punto de vista personal.
Martín Rosas
Fuente:
- Lipovetsky, G. (1986) La era del vacío. Barcelona: Anagrama
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